El Otoño

El inicio del otoño viene marcado por el equinoccio de septiembre, cuando la oscuridad de la noche iguala la luz del día. A partir de este momento empieza un nuevo ciclo que está caracterizado por la lenta pero inexorable disminución de la luz solar en nuestras vidas.

El otoño lo aprovechamos para limpiar los residuos energéticos de tipo yang, muy activos durante el verano, que se han ido acumulando en las articulaciones, con el fin de crear un vacío que tiene que empezar a rellenar muy lentamente la energía yin. Si no se crea primero este vacío no podemos renovarnos. Las sesiones de los pies y de las manos tienen esta función.

El otoño es también el momento de la recolección de las grandes cosechas, de recoger los resultados de todos aquellos propósitos que se han ido fraguando y trabajando durante el resto de estaciones, especialmente en primavera y verano.

El otoño es un momento de cambio que afecta a la estructura profunda de las cosas, de la vida en general y la de los seres humanos en particular. Sus efectos también se dejan notar en la estructura profunda del planeta, en sus minerales, así como en su envoltura gaseosa, la biosfera. Por esto en la tradición de la milenaria medicina china se hace referencia a que este ciclo anual está regido por el elemento metal, mientras que en la tradición hindú, no menos antigua o en las culturas mesoamericanas, se habla de que es la época regida por el elemento aire. Todas inciden en el mismo fenómeno, la renovación de las estructuras básicas y profundas.

Es por esto que los meridianos energéticos que rigen este periodo del año son la pareja del pulmón e intestino grueso. Tiene sentido porque nos renovamos a partir de la respiración y de la depuración. El intestino grueso absorbe una gran cantidad diaria de agua y de sales minerales disueltas en ella, de modo que en otoño estamos nutriendo las estructuras energéticas profundas de nuestra vida a través del aire y los minerales.

Es esta una razón de peso para que las primeras cinco sesiones del curso estén dedicadas a la respiración, al proceso vital por excelencia. Pero también porque la vida se inicia fuera del útero materno a partir de una primera inhalación y nos despedimos de la vida con una última exhalación (expirar). Por tanto la vida es respirar,  y hacerlo de manera consciente y profunda es un salvoconducto necesario para vivir en bienestar, con salud y confort. Es por ello que un propósito prioritario consiste en practicar la respiración consciente y profunda, para que se convierta en nuestro mejor aliado a lo largo de toda la vida.

La otra pareja energética (yin-yang) de piernas que rige en otoño es la de bazo-páncreas y estómago. Esta pareja está indicando la necesidad de depurarnos con las frutas que la naturaleza nos regala en otoño, las uvas maravillosas que limpian nuestro caudal sanguíneo y renuevan nuestros aportes de glucógeno necesarios para mantener una vitalidad activa y productiva.

Las últimas tres sesiones se dedican a la liberación articular, pero muy especialmente centrada en la zona de la pelvis, ya que es en estos rincones del organismo en donde más residuos tóxicos se acumulan, por esto se necesita abrir cada articulación para que la energía húmeda yin penetre profundamente e hidrate los cartílagos y almohadillas que actúan de bisagras.

La liberación articular pélvica es así mismo necesaria para prepararnos para el invierno, puesto que la pelvis aloja tanto el fogón inferior, el suelo pélvico, el muladhara para los yoguis o centro energético por excelencia, como el fogón superior que se ubica en la pelvis mayor, el centro donde se gesta y surge la vida, el tan-tien para los taoístas. Para los occidentales también es crucial, ya que remite al centro biomecánico, al centro de gravedad, al origen, referencia necesaria para centrarse y el otoño es un momento ideal para lograrlo.

Para llevar a cabo los diferentes ejercicios propuestos no hace falta saber nada, ni ser un atleta, ni haber practicado nada previamente, tan solo necesitas liberar tus emociones, dar rienda suelta a tu sentir: gemir, suspirar, reír o llorar y comenzar a respirar conscientemente, a activar tus articulaciones, a deshacer tus nudos, a estirar tus músculos.

El otoño es pues una estación ideal para practicar:

A)    La respiración consciente, diafragmática (abdominal, costal y lumbar), intercostal y subclavicular (yin y yang), como un requisito para orientar la vida por la senda del bienestar y la felicidad.

B)    A cuidar los pies y las manos pues son vórtices energéticos necesarios para mantenerse sano y fuerte.

C)   A liberar las articulaciones y a estirar las cadenas musculares para ser capaces de transformar los nudos y molestias en centros de confort y bienestar (desanudarnos).

Estas prácticas son convenientes para todas las personas, cualquiera que sea su edad y condición física, desde un atleta que compite al máximo nivel a un jubilado octogenario, pues todos necesitamos cuidarnos y entrenarnos para mejorar nuestra calidad de vida.

Las trece sesiones del otoño que contienen estos propósitos son:

Ficha nº 01: SENTIRSE

Ficha nº 02: EL ALIENTO VITAL

Ficha nº 03: RESPIRACIÓN DIAFRAGMÁTICA; LA VÍA DE LA QUIETUD

Ficha nº 04: RESPIRACIÓN MEDIA; LA VÍA DEL CORAZÓN

Ficha nº 05: RESPIRACIÓN COMPLETA; LA VÍA DEL EQUILIBRIO

Ficha nº 06: LOS PIES: LAS RAÍCES DE LA VIDA

Ficha nº 07:  CUIDAR DE LOS PIES

Ficha nº 08:  ATENCIÓN A LOS PIES

Ficha nº 09: SENTIR EL FLUIR DE ENERGÍA EN LAS MANOS

Ficha nº 10: LA MAGIA COMUNICATIVA DE LAS MANOS

Ficha nº 11: LIBERACIÓN ARTICULAR PROFUNDA

Ficha nº 12: LIBERACIÓN ARTICULAR PÉLVICA

Ficha nº 13: LIBERACIÓN ARTICULAR SOCIOMOTRIZ

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